Buenos Aires, Argentina

LzT: Primero que nada quiero agradecerte por participar e inaugurar este proyecto de Leelos antes de que ganen el NOBEL 😉 y además de haber trabajado conmigo en ideas y correcciones. Aprovecho de paso, para felicitarte porque tu cuento Unsdiwa salió finalista y será publicado en una antología de Sarape de Neón, de México. ¡Qué buena manera de empezar el 2025! Tengo entendido que la ciencia ficción no es tu elemento… por decirlo de alguna manera.
BB: Gracias Laura. Así es. El texto surgió por una consigna de un Mundial de escritura. Tomé el desafío, me cuesta más desistir que probar, lo intenté y me sentí muy bien haciéndolo. Me conecté con Bradbury, así usaba él esta herramienta, creaba mundos que te interpelan. Bradbury era profundamente humanista, ecologista y antibelicista. En aquel momento, 2020, yo había hecho una video-reseña de sus Crónicas marcianas para la Feria del libro de Guadalajara y tenía el tema muy fresco.
LzT: Te sumaste a este proyecto que tiene como objetivo saber qué están haciendo mis amigas y amigos escritores, con ganas de «probar y no desistir» . Me gusta esa actitud, definitivamente. Ahora sí, vamos con una pregunta que me da muchísima curiosidad: ¿Cuál crees que fue el peor libro adaptado al cine?
BB: La casa de los Espíritus. Le mató la poesía. Si no hubiera leído el libro habría creído que era una historia espantosa. Es imposible plasmar la atmósfera de inmaterialidad de Clara, el personaje que conecta con el mundo sutil de las almas. Y la escena de la autopsia, me parece mejor que cada uno la imagine según la propia tolerancia, no que te la muestren de un modo tan evidente.
LzT: ¿Y la mejor adaptación, para vos?
BB: Balzac y la joven costurera china, de Dai Sijie. La adaptó y la dirigió el autor. La leí 3 veces: para mí y para dos grupos de lectura, y cuando conseguí el video fue como repasar los lugares por donde estuve. Increíble la precisión con la que describió las montañas de aquel paisaje remoto de China. Incluso los personajes se movían al ritmo al que los iba viendo durante la lectura. Algo parecido comentaron mis alumnas. Fue impactante.
LzT: Bueno Betina, ahora voy al corazón del asunto, ¿cuándo empezaste a escribir y en qué momento sentiste que la escritura formaba parte de tu vida?
No tengo noción de haber empezado, no podría precisarte una fecha o una época. Siempre escribí algo y siempre lo sentí un acto tan natural como caminar o respirar.
LzT: ¿Qué te inspira a la hora de escribir?
BB: Todo. La mayoría de las veces, algo interior. Caminando, en la ducha, en general en movimiento me surgen más y mejores ideas. Los mejores ejercicios de escritura para los talleres me surgieron cruzando el Parque Centenario.
Los viajes en avión me dan vuelta la cabeza, no puedo parar de mirar por la ventanilla. No existe otra cosa que mirar el cielo, hacer crónicas de nubes y de ahí las reflexiones, metáforas, poemas.
Las situaciones de amor en general me inspiran poesía y el insomnio me lleva más al lado de la crónica o el ensayo.
Siempre escribí algo y siempre lo sentí un acto
tan natural como caminar o respirar.
LzT ¿Tenés algún ritual, cábala o fetiche en tu proceso de escritura?
BB: Cuando tengo que hacer un trabajo técnico, o una corrección que requiere más precisión que estilo, escucho las suites inglesas y francesas de Bach en piano, aunque últimamente empiezo por las Variaciones Goldberg en la versión de Glenn Gould de 1955. Me generan una estabilidad emocional que te podría asegurar (sin ninguna autoridad, por supuesto) que me sincroniza los dos hemisferios cerebrales.
Para generar un artículo desde cero me acompaño con el Köln concert, de Keith Jarret. Me da un baño de fluidez, es como abrir la canilla y sentir que las cosas brotan.
Ritual, cábala y fetiche, todo eso junto, es escribir el domingo a la mañana. Se cae el planeta y lo único que quiero es escribir.

LzT: ¿Cuál es para vos el mejor momento del día para escribir y cuánto tiempo le dedicás?
BB: La mañana. Pero escribo todo el día porque mayormente mi trabajo es de coach de escritura o ghostwriter de autores, lo que significa que prácticamente todo el día escribo y corrijo para otros.
Lzt: Hablemos de los fantasmas a la hora de escribir, como la hoja en blanco, la procrastinación y la corrección.
BB: No creo en los fantasmas. Siempre algo tenés para hacer. El día que no estás muy fluida para escribir tal vez es un excelente día para corregir, o investigar, o armar proyectos de trabajo. El tiempo que dedico a escribir para mí es proporcionalmente tan poco que trato de exprimirlo al máximo.
Con la corrección pasé de la incomodidad al amor. Antes sentía que era un proceso frío que atentaba contra lo espontáneo o la naturalidad. Antes era más pensante o crítica durante la escritura e impulsiva en la corrección.
Ahora invertí la ecuación, escribo sin conciencia ni límite, no tengo idea de lo que escribo, lo hago casi como un proceso físico o mediúmnico. En la corrección se me revela el sentido, me sorprendo, trabajo en el cincelado, dirijo cada frase hacia donde me propongo, tomo decisiones técnicas, creativas y poéticas. En general mi proporción es un tercio de escritura y dos tercios (a veces más) de corrección.
Soy una rara mezcla de obsesiva y disfrutadora a la hora de corregir, me parece un acto tan constructivo y creativo como el escribir.
Con la corrección pasé de la incomodidad al amor.
Antes sentía que era un proceso frío que atentaba
contra lo espontáneo o la naturalidad.
LzT: ¿En qué género literario sentís que fluís mejor?
BB: Crónica, ensayo y poesía. Y escribir artículos, me encanta.
LzT: Si tuvieras la oportunidad de tener una charla con una escritora o escritor, sin importar a que época pertenecen, a quién elegirías y por qué.
BB: Cortázar. Sin pensarlo. Para jugar, hacer juegos de palabras, que me cuente anécdotas, que me hable de él, de su vida, su proceso de escritura, que me hable del amor. Tal vez, en vez de ir yo, lo traería a él a esta época y le pediría que me cuente cómo ve hoy los vínculos humanos, dónde pondría poesía en medio de tanto cemento en la calle y tanta pantalla en las mentes.
LzT: ¿Qué autores, libros o textos influyeron en tu vida y de qué manera?
BB: Cortázar. Igual que a Borges, no lo soportaba. Tuve la mala suerte de que lo primero que leí de él era un cuento donde el protagonista vomitaba conejitos. Me pareció irrisorio para un autor tan mentado. Cuando mi hijo Sebastián me dio una fotocopia DE Axolotl y La continuidad de los parques que leyó en el colegio, me dio vuelta la cabeza. Semejante inteligencia me dio un ataque de amor que sigue creciendo. Me dio la oportunidad de admirar a alguien a quien había defenestrado, y ese aprendizaje me abrió mil puertas a la tolerancia, a no desistir, y a desafiar mis propias convenciones.
Neruda. Me abrió la puerta a la poesía a través del juego y la ternura.
Amelie Nothomb, como Abelardo Castillo, me demostraron cómo la astucia es un ingrediente valiosísimo y fundamental en literatura.
Victoria Ocampo. No puedo ser objetiva. La admiro como mujer, adelantada a su época y de una generosidad sin límites.
Ana María Shua. Fue la primera escritora a la que entrevisté. Me dio la lección de humildad de los grandes, porque es una escritora enorme y de un perfil bajísimo, de una versatilidad y una inteligencia increíbles.
Pedro Mairal y Samantha Schweblin siempre me convencen, son tan creíbles sus relatos, tal vez por el nivel de naturalidad con que escriben. Nunca una palabra “culta”, nunca una explicación, una frase de más. Igual que Zambra.
Fernando Aramburu es lo grande y lo pequeño, Serrat y Beethoven, lo profundo y lo cotidiano.
García Márquez es papá y es una criatura jugando en la vereda. Es la ternura y la imaginación, es el pueblo y el mundo entero en cada relato, la humanidad misma. Lo quiero como a un padre.
Perdón por lo extensa y perdón por omitir a una larga lista.
Fernando Aramburu es lo grande y lo pequeño, Serrat y Beethoven, lo profundo y lo cotidiano
LzT: Taller de escritura, carrera en Letras o ninguno de las dos cosas
Sí o sí taller de escritura. Escribir antes de hacer la carrera universitaria me parece fundamental. Para que no te pase como me pasó con la música, cuando entré al conservatorio dejé morir mi música por amor a los grandes y cuando quise volver ya éramos dos extrañas.
Esto es algo que trabajo muy conscientemente en mis talleres, evito por todos los medios que mis alumnos padezcan lo que viví, la censura, la crítica destructiva. Cada texto es un germen con un potencial desconocido y merece una oportunidad, el trabajo posterior definirá hasta dónde llega.
LzT: Me gustaría saber tu opinión sobre los concursos literarios. ¿Tenés algún tipo de experiencia?
Me parece muy recomendable. Es como entrenar un músculo, elegir un texto y corregirlo para darlo al mundo me parece mucho más saludable que dejarlo dormir en un archivo. Es darle vida y darlo al mundo, un acto de generosidad, más que de “ego”.
Mi experiencia es relativamente corta pero la recomiendo.
LzT: ¿Publicaste algún trabajo? ¿Qué sentís respecto a publicar?
BB: Publiqué cinco libros de no ficción y uno de poemas y más de cien artículos. También siento que los libros que publican mis clientes terminan siendo una especie de sobrinos a los que guardo en un estante muy preciado en mi biblioteca.
Necesito publicar. Es una necesidad física y moral, no me preguntes por qué, tengo un sentido de propósito muy fuerte con respecto a la docencia y a publicar, ambas para abrir mentes y despertar corazones.

LzT: ¿Una librería favorita en tu ciudad?
BB: ¡Una? Imposible. Me gustan las librerías chicas que le dan espacio a las narrativas menos comerciales y a las editoriales también menos comerciales. Malatesta, Mandrágora y otras.
LzT: ¿Invierno o verano?
BB: Primavera y otoño.
LzT: Un instrumento musical.
BB: El piano y la voz.
LzT: Tengo el WhatsApp del genio de la lámpara y te concede un deseo. ¿Cuál sería? Ojo me lo tenés que contar… sino olvidate de que le pase el mensaje
BB: Que me publique el próximo libro, que ya está listo esperando ver la luz.
LzT: Muchas gracias, Betina
Coordenadas – Betina Bensignor
Deshacerse
de las viejas vestiduras,
del polvo raído del pasado,
de creer que aún somos los que fuimos
Deshacerse
del cúmulo gastado de fracasos y victorias
de sentires agotados
de los viejos carteles
y las miles de esperanzas
Olvidar
esa caricia ese amor
aquel insomnio
dejar atrás ese llanto y aquel otro
salir de todas las rutinas,
de una tarde igual a tantas
de ese viento silencioso
que nos tapa los poros
con el polvo repetido de los días
Olvidar lo conocido
dejar atrás esas nubes esos montes
el camino andado
los sueños reconvertidos
en un horizonte que duplica nuestros pasos
Dejar atrás deseos estrenados
inventar alguno inédito
un deseo de esos
que no guardamos en ningún bolsillo
Perder el rastro de uno mismo
deshacerse de certezas
ser vírgenes de haberlo vivido
Dejar de arañar el espejo
y la lluvia de esos días
y tal vez bañarnos en una lluvia nueva
nunca estrenada nunca vivida
Olvidar las salidas, perder las entradas
explorar otros destinos
Entender de una buena vez
que solo por hoy somos estos
que es aquí, y no allá ni el mes pasado,
Que no se sabe hacia adelante
y que el reloj inflexible, con su arena,
sólo existe en estas coordenadas
Y entonces, tal vez entonces,
desnudos de existencia previa
tener el coraje, de verdad,
de encontrarnos por primera vez.
Algo más sobre Betina Bensignor
Escritora, investigadora de procesos creativos, autora de libros, poemas, relatos, entrevistas, artículos periodísticos y académicos.
Ghostwriter y coach de escritura de autores.
Docente y conferencista de Redacción, Creatividad, Publicidad y Comunicación en Universidad de Palermo hace más de 13 años.
Coordina talleres de escritura creativa y biográfica (Casa de letras, C. C. Borges, AMIA, Amijai).
Entrena en habilidades de redacción, storytelling y Lenguaje claro en organizaciones, cámaras y empresas.
Recibió entrenamientos en escritura, guión y ghostwriting con Pedro Mairal, Inés Fernández Moreno, Agustina Caride, Alejandra Laurencich, Iosi Havilio, María Inés Krimer, Sebastián Barrasa, Luis Camardella, Griselda García y Rodolfo Compte.
Incursionó en escritura terapéutica, musicoterapia (UBA), danzaterapia (María Fux), danzas árabe y Graham, Biodanza (Verónica Toro y Raúl Terrén), budismo, meditación, profesorado artístico de piano (5to año Conservatorio Municipal Manuel de Falla), más de 20 años en yoga y más de 25 años de canto coral.
AUTORA DE:
Intensidades y mundos aledaños, poemario.
Qué es la Ley de atracción, Ed. Devas-Longseller.
Nutrición inteligente. Cómo adelgazar sin dietas mágicas, Andrómeda.
Feng Shui hecho fácil, Andrómeda.
Masajes curativos de Oriente y Occidente, Andrómeda.
Qué es la Danzaterapia, co-autora con María Fux, Lumen, Argentina e Italia.
Su cuento ganador, Acorralado, se incluyó en la antología No soy tu abuela. (https://www.pagina12.com.ar/733781-acorralado)
Contacto
Instagram: https://www.instagram.com/betinabensignor






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