Buenos Aires, Argentina

LzT: Ale, sos una de mis compañeras de El Faro desde hace muchos años. Te agradezco por sumarte a este proyecto y te felicito por la publicación de Tantos ojos sobre ellas.
Sos economista y tu vida profesional transcurre en el mundo financiero. Sin embargo, la escritura parecía estar siempre buscando un lugar. En 2007 abriste un blog donde conviven relatos de viajes, recomendaciones de libros y películas, reflexiones y opiniones personales. ¿Qué necesidad o inquietud te llevó a empezar a escribir sobre aquello que quedaba por fuera de tu trabajo?
AN: Creo que fue mi vocación de hacer todo lo posible para que el olvido no nos haga perder historias. Así nació, allá por 2007 mi blog que identificado solo con mi nombre —tal vez como afirmación de identidad—, vino documentando circunstancias, personajes, viajes, libros, que me conmovieron. Siempre escribí desde mi emoción que navega por distintas dimensiones y cambia con las épocas.
En ese espacio me dí libertad para mezclar temas sin ninguna inhibición, sin los límites que mi profesión de economista, mis responsabilidades en el mundo corporativo me imponían. No fue un blog “de viajes”, o “de libros”, o “de política”, o “de economía” sino una “bitácora de emociones”. Creo que por eso escribo: para atesorarlas.
LzT: Sos jurado del Premio Grandes Autores Relatos Cortos Supervielle que ya lleva diez ediciones. ¿Sentís que esa experiencia como lectora de textos ajenos influyó de alguna manera en tu deseo de escribir los propios?
AN: Las personas que escribimos somos muy especiales y sabemos que dar el paso de mostrar los textos es una enormidad. Nos vamos dando coraje unos a otros. Sumergirnos en los textos finalistas del concurso es un enorme privilegio que tomamos todos en el jurado, presidido por Eduardo Sacheri, con mucha responsabilidad. Un concurso es una gran oportunidad para visibilizar autores, autoras no conocidos.
Aprendo a lo largo de todo el proceso, en cada edición: al escuchar a los voluntarios que hacen la primera selección, al leer los textos finalistas, al dialogar en la deliberación del jurado, al observar el trabajo notable del equipo de personas tan comprometida que se ocupa de cada detalle de la organización. Es un espacio hermoso, y claro que sí, muy inspirador.
LzT: La literatura y la escritura estaban presentes desde hacía tiempo, pero fue durante la pandemia cuando decidiste anotarte en un taller de escritura creativa con Cecilia Maugeri. Tengo entendido que la semilla de tu libro nació a partir de un ejercicio donde debían describir un ambiente. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué descubriste sobre tu propia escritura en ese taller?
AN: Lo primero que descubrí en el taller fue la felicidad que me daba escribir. Cecilia nos hablaba de “soltar la mano”, animarnos, sin embargo muy pronto noté que yo no podía frenar a la mía. Las consignas eran una chispa que en mi caso terminaban en un fogón amable. Yo no imaginé nunca que me sentiría así. Fue toda una revelación. Y sí, la semilla del libro está allí. Diría que el primer capítulo del libro fue un texto escrito a partir de la consigna “describan un espacio”, y yo me encontré no solo describiendo una biblioteca sino encontrando un personaje. Y, cuando lo entregué (excedido en caracteres porque no podía parar) imaginé cómo podía seguir la historia.
Luego vinieron las vacaciones, hicimos un corte, y al retomar mis manos fueron directo a ese texto y a esa continuidad que había imaginado. Era solo una oración y esa trajo otras, y otras. Y con ellas la necesidad de adentrarme en el mundo de las técnicas literarias bajo la batuta de Cecilia que vió en ese grupo de talleristas (que todavía mantenemos, nuestra Tribu Literaria), talento al servicio de nuestra escritura.

LzT: Conversando con vos descubrí que, además de compartir clases con Pedro Mairal, también tuvimos a Sebastián García Uldry como maestro. ¿Qué aprendizajes o marcas te dejaron esos espacios de formación?
AN: El taller con Cecilia despertó en mi una curiosidad que encontró en otros talleres la manera de satisfacer mi anhelo por seguir aprendiendo. Qué decir de Pedro, ya escucharlo inspira: su sencillez, su generosidad al revelar las costuras de los textos es inconmesurable. Recuerdo la fascinación al hacer los talleres “Cómo contar la vida” y “¿Qué estás tramando?”. Me dá pena ya haberlos hecho, querría volver a hacer las clases con la fascinación de entonces.
Sebastián García Uldry, —con quien todavía hago taller y me sigue guiando con una libertad que solo él sabe dar—, me ayudó, en el proceso de escritura de la novela, a destrabar un tema que se había convertido en un punto crítico: el narrador. Desde un principio había elegido una narración en tercera pero las tres mujeres en las que está centrada la historia, pedían ser escuchadas, especialmente una, Iris, desde quien podía, si lo lograba, contar las tres historias. Había que probar. Y en el probar noté que la voz de Iris subía pero sacrificando las de Ana y Lucía. Entonces retomé la idea del narrador en tercera. Sebastián tenía un taller específico de “narración en tercera” y fui de cabeza. Leímos muchos autores, pero fue Poeta Chileno de Zambra quien me dio el impulso que estaba necesitando. El texto quedó en tercera pero cambiando los puntos de vista dependiendo de a qué personaje se refiere cada capítulo. No me arrepiento.
LzT: ¿Cómo es tu relación con la hoja en blanco? ¿Y qué lugar ocupan la corrección y la reescritura en tu proceso creativo?
AN: La hoja en blanco es una invitación, a veces amable, a veces inquietante. Si bien por momentos intimida, cuando comienzo a tirar de algún hilo, la trama se arma y me fascino al verlo. Es un poco mágico. En cuanto a la reescritura, la disfruto mucho. Siento que es una etapa fundamental que eleva al texto. El primer borrador es importante para que la historia fluya, se afirme, no es momento de frenarse pensando en repeticiones, estructuras o ritmo. En cambio después, durante el proceso de reescritura, la técnica literaria es una aliada para, descartar, cortar, borrar, dejar solo las palabras justas al servicio de la narración. A veces es duro desprenderse, pero se aprende a hacerlo.
LzT: ¿Qué cosas despiertan tu imaginación o encienden las ganas de escribir?
AN: Se dice que cada escritor, escritora tiene sus obsesiones, sus temas. Y creo que es cierto, en mi caso, empiece por donde empiece, termino escribiendo textos realistas que abordan la temática de los vínculos y esos momentos que rodean a las decisiones vitales, lo que les pasa a los personajes antes o después de tomar decisiones de vida. Creo que escribo para captar esas emociones, atraparlas en la trama, pintar personas sencillamente viviendo (que no es tan sencillo).
LzT: Seguís participando en talleres con Agustina Caride y mencionaste antes también con Sebastián García Uldry. ¿qué encontrás en esos espacios? ¿Qué aspectos de tu trabajo te ayudan a profundizar?
AN: Creo que los talleres de escritura son espacios absolutamente indispensables. Estoy convencida que escribir no es un acto solitario como a veces se dice. Por el contrario, la experiencia de escribir, presentar los textos, leerlos y recibir devoluciones contribuye a elevarlos mucho más allá de lo que a priori imaginamos. Al estar tan cerca de nuestra producción, no llegamos a ver cuestiones que para los compañeros de taller emergen ni bien lo leen. Me ayudan a testear el perfil de mis personajes, la consistencia de la trama, la verosimilitud, detectar redundancias. Lo más importante para que los talleres funcionen es que los veamos como espacios seguros donde el ego queda en la puerta.
No voy al taller para que me elogien, todo lo contrario diría. Alguna vez escuché a Pedro Mairal decir, “presenten en el taller lo que les de vergüenza, lo que les incomode porque seguro es desde ahí que saldrá una gran historia”.

LzT: En nuestras conversaciones apareció un tema que me resultó muy interesante: el de darse permiso. Somos de una generación en la que muchas veces ciertas búsquedas creativas parecen necesitar una especie de habilitación previa. ¿Sentís que todavía hay terrenos en los que seguís aprendiendo a darte permiso? ¿Qué libertades te gustaría conquistar en esta etapa de tu vida?
AN: Gran tema. Creo que eso tiene que ver con el preconcepto de que el arte es algo accesorio, que es lo que podemos hacer sólo cuando descansamos de nuestra profesión. Partiendo de esa premisa, el arte suele no tener prioridad, suele ser postergado. También temido, porque es frecuente no sentirse a la altura. Superar esos limitantes implica un esfuerzo, de allí la necesidad de sentirnos habilitados.
En mi caso, cuando observé la felicidad que me despertaba escribir, o cómo el tiempo pasaba volando cuando lo hacía me pregunté ¿por qué no? ¿por qué plantearlo como algo antagónico con mi profesión? ¿por qué no pueden convivir amablemente? ¿por qué tanto miedo? Para contestar esa pregunta necesité darme permiso, prepararme mucho, hechizar al síndrome del impostor. Y aquí estoy, acompañando a la novela para que encuentre a sus lectores, disfrutando mucho de la libertad que conquisté y no imaginé nunca experimentaría. Fue un proceso largo que encontró en El Camino del Artista de Julia Cameron muchas de las respuestas que estaba buscando. La recomiendo mucho. Yo hice el camino en grupo, guiado por Clarisa Eseiza a quien también tengo mucho para agradecer.
LzT: Publicaste Tantos ojos sobre ellas con Pam! bajo el sello editorial Metrópolis. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con la editorial y qué significó para vos ver el libro convertido en un objeto real?
AN: Me sorprendió mucho porque llegué a la editorial imaginando que con el manuscrito tan pulido (no solo en los talleres sino también con una clínica de obra que hice con Olivia Gallo) el trabajo sería sólo de ellos, pero no fue así. Con cada etapa se me abrió un mundo que sin dudas sacó brillo al texto: edición con Leticia Rivas, corrección con María Notcheff Avendaño, diseño y diagramación con Lara Melamet. Todas profesionales espectaculares de las que aprendí un montón.
LzT: Algo que destaca en tu libro son las ilustraciones de Bianca Montelpare. ¿Cómo fue el diálogo creativo entre ustedes? ¿Hubo algo de tu texto que descubriste o resignificaste al verlo traducido en imágenes?
AN: Ambas nos entregamos al proceso y fluyó. Yo tenía muy claro lo que quería ilustrar, qué escenas, qué objetos, la tapa y pude transmitírselo a Bianca quien con su sensibilidad captó todo. Y así como así, un día vi a mis personajes tal como los había imaginado. Recibí el primer envío de bocetos al borde de las lágrimas (juro que no exagero). Las imágenes habían pasado desde mi cabeza a la de ella y en su arte habían resurgido. El broche final lo puso Lara Melamet con el diseño del libro. Muchos ven en él no solo un libro que cuenta una historia sino un hermoso “objeto libro”. Y eso es mérito de todo este proceso tan cuidado por tan buenas manos.
Curiosamente, al igual que los textos, los dibujos se fueron resignificando a medida que es leído. Hay uno en particular que pasó de ilustrar una escena en la que los personajes de Iris y Rafael deciden irse a vivir juntos en la Plaza Congreso a convertirse en un símbolo de la novela toda: el Congreso de la Nación, telón de fondo de una Argentina democrática, una pareja besándose que remite a los vínculos amorosos y, entre ellos, la estatua de El Pensador que invita a la reflexión. Tengo la sensación de que todo lo inherente a la novela está allí.

LzT: Estuviste presentando el libro en distintos eventos y encuentros con lectores. ¿Cómo te llevás con esa exposición? ¿Hubo alguna devolución, comentario o pregunta del público que te haya sorprendido especialmente o que te haya permitido ver tu propia obra desde otro lugar?
AN: Si me hubieras dicho hace años que yo estaría con semejante exposición te hubiera dicho que era imposible, que eso no era para mí. Pero ahora, que quiero acompañar a la novela a que de sus primeros pasos, no puedo dejar de hacerlo. Hay algo de actitud maternal en eso. ¿Qué no hace una por los hijos, no? Siento que un libro es algo bastante parecido a eso. Y es, creo, otra manera de confirmar a la escritura como un fenómeno colectivo, como decíamos hace un ratito.
En esta etapa, donde la escritura concluyó, lo que resulta muy estimulante es ver a los personajes caminando en las cabezas de los lectores, las lectoras, escuchar sus interpretaciones que a veces son muy distintas a lo que yo pensé al escribirlos. Siempre digo que esta historia en cada espacio que fue leída, abrió debates porque todos de alguna manera pudimos estar en situaciones parecidas a las de los personajes pero, a su vez, haberlas vivido en muy distintas circunstancias. La historia genera mucha identificación y eso me alegra mucho.
LzT: ¿Qué estás leyendo?
AN: Estoy leyendo El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald y La mujer habitada de Gioconda Belli. También, acabo de comenzar la relectura de El Amante de Marguerite Duras para un Club de Lectura al que asisto con amigas hace ya más de tres años. Desde que escribo me pasa esto de estar leyendo varios libros al mismo tiempo, algunos porque se me cruzan (soy una convencida que ellos eligen a sus lectores) y otros impulsada por la búsqueda de los secretos de la escritura. Ya no sé si leo para escribir o escribo para leer.
LzT: Tengo el WhatsApp del genio de la lámpara y podes pedirle un deseo. ¿Cuál sería?
AN: Creo que le pediría que la escritura me acompañe el resto de mi vida porque es una gran compañera. Y que el libro siga su camino, sea leído. Ojalá pronto esté frente a otro proyecto literario para seguir soñando.

LzT: Compartirías un texto con nosotros.
AN: Un placer. Comparto a continuación unos párrafos del capítulo “Una bola de espejos giraba en el baile de carnaval” ambientado en el barrio de Floresta, febrero, 1978.
(…)
Se apoyaron en una baranda que balconeaba hacia la escalera de acceso. Él le ofreció un cigarrillo.
—No, no fumo —contestó.
Otra vez, esa sensación de haber dado la respuesta equivocada. Hacía rato que Lucía quería largarse a fumar, pero no. La vez que había intentado hacerlo a solas en su casa, se había puesto a toser a poco de aspirar la primera pitada. Y ahora no era momento de improvisar. Imaginaba que sus manos comenzarían a temblar. Pero, aun sin fumar, sus manos temblaban como una hoja. ¿Por qué siempre me mandaron a colegios de mujeres?, se preguntó.
Fuera de la cabeza de Lucía un diálogo fluido iba tomando forma. Habiendo pasado por los lugares comunes: ¿venís seguido a bailar acá?, ¿a qué colegio vas?, ¿ya tienen planeado el viaje de egresados?, se fueron soltando. Ni hablar cuando notaron que les gustaba leer y que, aunque no había pasado, podrían haberse cruzado en la biblioteca de ese mismo club a la que por lo visto solían ir ambos. Rafa le contó que iba al Nacional y estaba leyendo Las flores del mal, en francés. Lucía le dijo que iba a la Alianza Francesa y había leído, también en francés, El principito. A ninguno de los dos se les daba fácil compartir sus gustos con sus compañeros, y mucho menos durante el verano, cuando nadie quería oír la palabra libro.
Sin siquiera notarlo, se hizo la hora en que Lucía tenía que volver a su casa. Voces y brazos en alto desde el pie de la escalera lograron interrumpir la conversación. Un grito fuerte con su nombre se elevó por encima del ruido de fondo, y se vio forzada a precipitar la despedida. Prometieron volver a verse en el baile de la siguiente semana. Chau, le dijo ella mientras se estiraba para darle un beso rápido en la mejilla y salir corriendo antes de que el rubor la traicionara.
Volvió envuelta en un sueño del que no quería despertarse. No abrió la boca, aunque todas le preguntaron por lo bajo quién era ese chico guapo con el que había abandonado la pista. A ella se le dibujó una sonrisa, pero no quiso contar. Le venía muy bien como excusa estar apiñadas en un taxi con una de las madres a la izquierda y su codo clavándosele en el estómago. No salía de su asombro. ¿Por qué la había sacado a bailar? La curiosidad de sus amigas parecía confirmar que esos breves pasos de baile y esa charla habían existido. Le habían sucedido. A ella, sin maquillaje, a ella flaquita y callada. A ella.
(…)
Contacto
Alejandra Naughton: https://www.instagram.com/alenaughton/
Tantos ojos sobre ellas: https://tiendapam.com.ar/productos/tantos-ojos-sobre-ellas-1ig9i/
Links relacionados:
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Lara Melamet: https://www.instagram.com/laraflota/





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