La curiosidad como motor

Pienso, proceso, escribo 🙂

Lo que me encontró
Visité Mother Foucault’s Bookshop una librería independiente en Portland y descubrí que su dueño, Craig Florence, vivió en distintos lugares del mundo, entre ellos el barrio de Sarandí, en Buenos Aires, Argentina. Una de esas conexiones inesperadas que tanto me gustan.

Zoom
Durante un viaje a Italia, Parma me dejó impresionada. Es una ciudad con historia, música y un ritmo que invita a mirar con más atención. Entre sus regalos inesperados encontré dos muestras de Brian Eno, una visual y otra sonora, que me hicieron reflexionar sobre la curiosidad, la creatividad y el paso del tiempo.

Sigue vibrando
En Buenos Aires me encontré con Silvi y Moni, dos de mis amigas de toda la vida, para pasar un sábado juntas. Entre mates, risas y una larga charla al sol en el patio, sentí una vez más el valor de esas amistades que nos acompañan a través de los años. Qué afortunada soy de tenerlas en mi vida desde hace tanto tiempo y de saber que, pase lo que pase, siempre podemos volver a encontrarnos como si el tiempo apenas hubiera pasado.

Un newsletter
Jacobo Bergareche trajo en una de sus publicaciones la palabra nafas, proveniente del árabe, un idioma que dejó una profunda huella en el español. Nafas se refiere a ese ingrediente invisible que algunas personas ponen en lo que hacen: el alma, el cuidado, el amor. En el texto estaba asociado a la cocina, a esas comidas que tienen algo especial más allá de la receta. No pude evitar pensar en mi mamá, en sus pastas caseras y en tantos platos que ya no volveré a probar :(. Pero hubo algo que me gustó especialmente de la reflexión de Bergareche: más allá de la nostalgia por lo perdido, quienes tuvimos la suerte de vivir esas experiencias hemos sido afortunados. Quizás vos hoy lo seas, disfrutalo.

Leí por ahí
El proceso de escribir plantea todos los problemas de cualquier tarea artesanal. Hay dudas, hay dificultades, hay preguntas, hay cosas mal resueltas que hay que arreglar, hay momentos de avidez, hay momentos en que sí se escribe y hay momentos en los que no tenés ganas de escribir. Una alumna dijo «escribí una hoja y me cansé». Un artesano nunca diría «hice una silla de tres patas y me cansé».
Las cosas se hacen y se terminan. Lo que hacemos es un trabajo, una tarea, una especie de artesanía. Si hago un texto mal hecho o una silla de tres patas o una mesa sin terminar, demuestro falta de interés o apuro por publicar. Primero hay que sembrar un campo grande y después ver qué cosechamos. No hay que intentar desde el vamos escribir una novela de trescientas páginas, porque eso es un imposible. Se va escribiendo de a poco, así como uno va viviendo de a poco lo que a uno le pasa
Las clases de Hebe Uhart – Liliana Villanueva
Antes de irme

Estoy leyendo
84, Charing Cross Road y me emocionaron esas cartas que, durante años, cruzaron el océano uniendo a dos personas que nunca se encontraron pero con un interés común: los libros. En tiempos de mensajes instantáneos, hay algo conmovedor en esa amistad construida durante veinte años sobre el papel. Uno de esos libros que me hacen sonreir.

Una película
Valor sentimental es una película noruega que me emocionó por la universalidad de las emociones que retrata. Más allá de las diferencias culturales o de edad, habla de algo que nos atraviesa a todos: cómo ciertas experiencias de la infancia continúan acompañándonos durante toda la vida y afectan nuestros vínculos en la adultez. Muy recomendable y tener pañuelo a mano.

Soy de otra generación
Soy de las que se sienten más tranquilas llevando un pasaje de avión o una entrada a un espectáculo impresos. El ticket electrónico me genera una serie de preguntas que no puedo ignorar: ¿y si el teléfono se queda sin batería? ¿y si no hay conexión? ¿y si justo en ese momento la aplicación decide no funcionar? Sé que el mundo avanza y que yo también tenga que hacerlo. Necesito incorporar nuevos hábitos antes de convertirme en esa persona que se queda mirando desde la vereda cómo funciona un sistema diseñado para otros. Aunque, si soy sincera, todavía hay algo reconfortante en poder tocar un papel y sentir algo de seguridad 😉

Un consejo que nadie me pidió
Juntate con la gente que te hace bien. Si puede ser en persona, mejor, pero las distancias también se pueden acortar a través de una llamada, un mensaje o una videollamada, lo digo por experiencia 🙂 Buscá a esas personas con las que te sentís segura, con las que podés llorar y reírte a carcajadas en la misma conversación, las que conocen tus luces y tus sombras y aun así eligen quedarse. Esas con las que no hace falta aparentar nada porque la confianza ya hizo todo el trabajo.
Notas por si te quedaste con ganas de algo más
Mother of Foucault . Bergareche






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